Asakhira

Bien por tu amiga. Odio la gente que macula los libros. Un amigo solía decir "es para que se note que está trabajado", mi dios.
Pero he experimentado la sensación contraria también. sucedió con otro amigo, había fallecido su padrastro y de alguna manera la familia lo estaba matando de nuevo desguasando su biblioteca. Llegado nuestro turno, requisamos lo que quedaba, rescatamos lo mejor, entre ellos algún librito del bueno de Federico comentado por el abuelo (!) de mi amigo. En su singular grafía era un libro incluso mejor que una edición comentada. El lugar común señala lectores eran los de antes.


Gravatar Ahhh, los libros electrónicos... llevó 5 y unos 20 cuentos en mi PDA ¡Fantástico!. Pero no hay nada, ¡nada! como sentarse con un libro en las manos. No soy amigo de mancharlos, pero es una agradable sorpresa encontrar discretas anotaciones a lápiz al margen de un libro muy querido.


Gravatar No es por nada, pero si leer el zaratustra en castellano, alemán, frances... tú qué clase de amigos tienes?


Gravatar También me caén mal las personas que machacan los libros. Debo confesar que antes era asi. Les doblaba las esquinas de las páginas y marcaba (haciendo presión con la uña sobre el papel) de manera inperceptible los apartes que me habian impactado. Ahora solo dejo migas de papel, para guiarme en mi retorno a casa...

Odio a las personas que subrayan los libros, no te dejan leer libremente.


Gravatar Hace tres días perdí un libro querido, con doble pasta, la primera pasta estaba echa añicos, se escurría al abrirlo y le daba una forma de eme mayúscula al abrirlo. Era bilingüe: no necesitaba más daños. Pensaba obsequiarlo al concluirlo. Era de poesía, no lo había terminado y ya no lo haré nunca. Se fue en una caja con desplantes de goma, un agrio señor ciego y amorfo que seguramente lo echó a algún cesto de basura... Lo peor es que ni siquiera puedo cobrarlo a mis avergonzadas manos que lo dejaron ir. Por dios.


Gravatar nunca entenderé lo de rayonear los libros
con los pocos que me he atrevido a marcar (libros de estudio, y casi siempre con lapiz) me costó horrores atreverme

por otra parte, eso de que "sólo un tonto más grande que el que presta un libro, es capaz de regresarlo" me saca un poco de culpa por un par de libros que nunca devolví....
y me hace sentir un tarado por todos los que sí regresé


Gravatar Así si me gustaría prestar libros...
yo con ellos soy muy descuidado. Me dedico a darles una vida dificil, no sé si es porque ellos me la dan a mi, cuando me atrapan y me obligan a leerlos cuidadosamente.

Las cenizas de cigarros, tal vez un manchón de chocolate que no debió ser, o una pestaña entre hojas. Así están mis libros y no se avergüenzan... me atrevería a decir que hasta esperan la siguiente mancha.


Gravatar Yo creo que un libro leído, nunca es un libro inmaculado, como dice Arbolstsef. Y en la medida en que más el lector se ha amancebado con el libro, menos; y esta unión hace del libro un objeto íntimo, del que creo que el lector puede apropiarse a su más personal modo. Eso sí, nunca del ajeno, a menos que deje de serlo.

Por eso, en esta historia, aunque hubiera conseguido un ejemplar de la misma edición, nunca hubiera devuelto el mismo libro. Le hubieran faltado de entrada el sabor de las horas de lectura. Quizás otras maculas apenas perceptibles. Yo lo sé. Hay un libro que he comprado y perdido (prestándolo) tres veces. Nunca ha sido el mismo. Por ello, mi pésame x???, la pérdida es irreparable.

Un libro anotado o subrayado, es un libro que nunca más debiera ser leído por otros ojos.
Prestarlo debiera ser una falta de pudor. Así no tendría objeto el dañarlos, Fander, para que otros “noten que están trabajados”.

Pero sí es leído, quizás debiera leerse como se lee un diario, porque no es como un ensayo: las anotaciones no tienen el objetivo se satisfacer el interés de otros lectores. Por ejemplo, el libro anotado por el abuelo, es una ojeada al alma del abuelo, o el de los viajes de Marco Polo anotado por Colón, o El Príncipe de Maquiavelo comentado por Napoleón.

Ya no son sólo Maquiavelo o Marco Polo. El lector que anotó, desvía la atención de la lectura para adentrarnos en sus opiniones, como bien indica Lowfill.


Gravatar Yo tampoco, L.G.D., me atrevo en efecto a rayarlos o a comentar sobre ellos. En todo caso dejo migas de papel, como dice Lowfill. Mis apuntes, los voy haciendo en otro lado. Primero los hacía en libretas, ahora en la pc, y más recientemente sobre el formato electrónico del libro, que ese sí es inmaculable. Esa y su disponibilidad, son creo las dos grandes ventajas del formato electrónico, zaxl4, y ambas se deben justo a su inmaterialidad.

Y por cierto, L.G.D., ¿cómo la frase te hace sentir por los libros que prestaste? Esos faltaron en tu inventario.

Juglar, mi amiga era como una gran parte de mis amigos son: un verdadero caso. Ella es vasca, vivió toda su niñez y adolescencia entre Inglaterra y Francia, y en ese entonces estudiaba alemán y leía filosofía. Actualmente es errante, lectora e ingeniera.


Gravatar Yo no subrayo ni hago anotaciones en los libros pero me los dedico, según yo los cuido pero es delicioso tener un libro con cicatrices de vida, El libro del niño de Osho está conveniente manchado de leche con chocolante de la mamila de Sofía.
Yo he prestado y terminado por regalar y me han prestado pocos y solo me he quedado con uno o dos, mejor ya no me acuerdo, jejejeje.


Gravatar ¡ja!

Recordé que estoy buscando un libro que se llama Tormenta Roja (Tom Clancy) en audiolibro o en versión electrónica si alguno de Ustedes me puede ayudar se los voy agradecer harto


Gravatar Yo presto libros y también devuelvo los que me prestan. No se que clase de idiota seré, porque además, me encantan los libros subrayados , marcados, exprimidos al máximo, pensados.
Y es cierto, esos deben leerse como otra cosa, ya que hablan más de su dueño que de lo que dice el autor.

Gracias a eso que < a href="http://iradler.blogspot.com">Irene llama esquinitas, es que existen blogs tan deliciosos como la lectora


Gravatar Una última viñeta, aunque quizá ya resulte algo extremporánea.
Suelo compartir muchos de mis libros -impresos de Word o de los otros- con un amigo, el mejor que me ha quedado en mi ciudad.
El siempre me los devuelve -al año aproximadamente- remarcados con lápiz con unos discretísimos corchetes que resaltan algunos puntos que hacen a su cosmovisión. Es un placer para mí releerlos con el énfasis que él le pone. No sabrá definir con precisión qué es, pero me renueva completamente la lectura.
Muy intresante tu tópico.


Gravatar Yo si algo detesto, es perder un libro dedicado, Olaf, y ahora que me lo recuerdas así tengo uno empeñado, que no presté por mi gusto sino porque Atmo - la que tú conoces � me lo pidió para prestárselo a otro amigo mío, con el que muy pocas veces coincido, a ver si así entendía de qué ella estaba hablando. ¡Imagina! Eso fue ya hace más de un año.

Una cicatriz de leche con chocolate de la mamila de tu hija, debe ser la mejor cicatriz que ese libro pueda llevar a través de tus días, Olaf, estoy segura.


Gravatar Te faltó decir, Luc, si cuando los prestas, te los regresan.

Leer siguiendo las migas dejadas en un libro por el amigo o por el extraño o incluso por uno mismo años atrás, me causa la impresión, Luc, de una triple lectura: la del libro en sí mismo, la del otro (la imagen del voyeur no me abandona) y la de uno contra ese otro en un ejercicio dialéctico, digamos, en seco, como es la percepción que tengo de lo comentado por Fander.

Pero sin duda, que un exceso de textos destacados no son pista. Yo terminaría pensando que quien subrayó no pensó nada o le gusto muchísimo el libro, como me sucede ahora justamente con otro amigo que en su blog ha dejado día tras día textos del libro que está leyendo. La verdad preferiría que me dijera, qué ese libro le está diciendo o que me lo prestara.




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