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"El Estado tiene que renovar la conciencia nacional" Qué maravillosa frase, uff.
Espero que mi vuelta no tenga demasiados altibajos. Ya sabe usted cómo son estas cosas. Un saludo y gracias por estar pendiente.
Luis Amezaga |
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08.19.07 - 7:58 pm | #
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Comunitel, ya sabe, los suecos, y que a uno no le gustan los monopolios, sobre todo los que conoce bien, desde fuera y desde dentro.
Cuando afila el verbo, esas gotas ácidas escuecen pero no hacen daño, envueltas de la elegancia, el aroma del fairplay que le acompaña, sabor agridulce, anticipo de sorpresas, silencio concentrado.
Identidad por todas partes.
Primero, la suya, que en esos instantes se desvela, y todo el manto trabajado de amabilidad se desmorona, duramente construido, trabajado, mitad real, mitad ficticio, ceden ante chispazos contenidos de ira, que arrastran esa proporción descomunal de imaginación, creatividad y brillantez, en dosis mínimas, que ya se sabe, si se desmelena, acaba, una vez más, mal ¿Que puede uno esperar de la ira?
Segunda, la mía. Albert. Alias, pepito Grillo ¿Que más quiere? Mai he defugit una pregunta, per mi la identitat no és un problema, ho convertim en un problema, però no ho és en absolut. Los detalles, accesorios, lo esencial, a la vista. Aunque mi familia y mis íntimos no me llaman Albert. Otros Alberto, y otros a la inglesa, Álbert. Allá donde voy, soy. Me divierte esta promiscuidad de identidades: libertad. Nacido en el Clínic barcelonés, engendrado en el DeltEbre-Amposta, criado en el Maresme, mi ciudad, empero, es Barcelona (sóc, en part, Sant Andreuenc) pero no la única, London es otra, y en la universidad era de los pocos que defendía el federalismo/confederalismo. Toda identidad es trans-cultural, la confluencia única de miles de aromas culturales nos definen, nos diferencian.
Tercera, la de aquellos que utilizan todo lo que tienen a su alcance para el dominio de las masas, para la acumulación de poder, para saciar una ambición centro de sus vidas, infra-humanos, chimpancés barnizados de personas. Confundiendo estado con nación. Por todas partes, en todos los rincones.
Cuarta, la de aquellos que necesitados del sentimiento de pertenencia, real, lo limitan a su familia, su barrio, su país, su continente. Incapaces de sentir empatía más allá de lo cotidiano, de aquello que genera seguridad.
Quinta, la de aquellos que comparten rasgos comunes culturales, conformando una cultura (con sus brazos político, económico, artístico, moral, religioso, etc) permitiendo la supervivencia y mejora de la especie. Ligada al territorio, a la lengua, al clima, a la alimentación, al paisaje. La tecno-cultura es una sub-cultura. Las culturas no se engloban unas dentro de otras, sino comparten rasgos. La hibridación creará una cultura común semi-planetaria (que no es la tecno-cultrua pero que tiene rasgos de ésta, es decir, no la incluye), con una o dos linguas francas. Simplificando, uno tendrá rasgos culturales globales y locales. Los rasgos globales nos incluyen a todos en la humanidad, en el planeta, los locales con el aquí y ahora.
Mapuche |
08.19.07 - 10:33 pm | #
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En españa la izquierda ha confundido nacion con franquismo. Pero parece que ahora se han dado cuenta que eso no es aso.
Simio |
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08.20.07 - 11:16 am | #
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¿que é esto? Abaixo todalas nacións, empezando pola española, e acabando pola vallisoletana, ou Pucelana, amén da Numantina.Nin patria nin dios, nin vividores que non saben mais ca darlle a lengua, pero de traballar nada.
susolista |
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08.20.07 - 11:46 pm | #
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Aí falaches, Suso!
Sartine |
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08.21.07 - 2:50 am | #
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Luis retornado. Me devuelve usted ciertas dosis de paz, fíjese qué tonta es la vida.
Ahora me obliga a camabir su enlace en el blogroll... le pincharán menos...
Por aquí le pongo un vino...
Berlin Smith |
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08.21.07 - 10:21 am | #
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"todo el manto trabajado de amabilidad se desmorona, duramente construido, trabajado, mitad real, mitad ficticio, ceden ante chispazos contenidos de ira, que arrastran esa proporción descomunal de imaginación, creatividad y brillantez, en dosis mínimas, que ya se sabe, si se desmelena, acaba, una vez más, mal ¿Que puede uno esperar de la ira?
¿Pero qué tiene que ver Comunitel con la ira?
Era una manera de describir que en esos calificativos (cobarde, genial, iracundo) me lo paso muy bien, no me sientan mal y que difícilmente puedo decir lo mismo: en cierta forma, yo escribo mis cosas todos los días y mi comentarista número uno sólo tiene que sancionarlos.
Como un mira sus estadísticas con frecuencia, pues coinciden sus comentarios con entradas largas desde Comunitel y barcelona, querido Álbert. Ingeniero. Me recuerda usted al señor de Opino. Això es tot.
Ira, ira... vaya: termino por ser un individuo normal y corriente, con sus días y sus días.
Berlin Smith |
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08.21.07 - 10:35 am | #
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¿Pero qué tiene que ver Comunitel con la ira? Nada
Otra vez el abismo. Que divertido. Y dicen que hablando se entiende la gente...¡mentira!
El dialogo si no es dialogal, no sirve de nada.
(dia-logos), es decir que atraviese el logos para alcanzar un terreno común que el logos en solitario no podrá jamás expresar.
Los datos biográficos anécdotas, si la identidad se define por la biografía de uno, es que esa identidad poco valor tiene, y los datos carecen entonces de valor. Si los datos no definen la persona, que va más allá de su biografía, los datos, entonces, vuelven a ser inútiles.
"le hago notar que juega con ventaja escondido en su accedo de Comunitel" Quería devolverle la ventaja de campo.
Lo de comentarista numero uno lo dirá por pesadez, no por otra cosa. El seny y la rauxa. La laboriosidad pegadiza. Y la rauxa creativa de intentar entender la naturaleza humana. De ver a través de lo ojos del otro, de pensar a través de su mente, de ser capaz de sentir como él, de reaccionar como él reaccionaría, de prostituir la propia identidad, de abandonarla, de traicionarla, de ser el otro.
En su caso, es sencillo apreciar, es altamente evidente el triángulo cobardía/ira/creatividad que centran su identidad íntima. La trayectoria me la puedo imaginar, los detalles anecdóticos-biográficos (otra vez)
Lo de comentarista numero uno lo dirá por pesadez, no por otra cosa. El seny y la rauxa. La laboriosidad pegadiza. Y la rauxa creativa de intentar entender la naturaleza humana. De ver a través de lo ojos de otro, de pensar a través de su mente, de ser capaz de sentir como él, de reaccionar como él reaccionaría.
sancionar.
1. tr. Dar fuerza de ley a una disposición.
2. tr. Autorizar o aprobar cualquier acto, uso o costumbre.
3. tr. Aplicar una sanción o castigo
Demasiado fuerte. Lo que hago es colocar contra-argumentos en una determinada balanza (uno puede elegir varias) para que el equilibrio de la misma deje translucir ciertas evidencias escondidas por falta de luz.
"Ira, ira... vaya: termino por ser un individuo normal y corriente, con sus días y sus días."
Usted se esconde de usted mismo, pero se delata constantemente. Su escritura, transmite las dos pulsiones: esconderse y el intento de ser. Intenta ser anodino y acaba siendo brillante, y cuando intenta ser brillante es anodino.
Mapuche |
08.21.07 - 5:06 pm | #
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"me lo paso muy bien"
de eso se trata, jo també.
Corrijo:
La trayectoria me la puedo imaginar, los detalles biográficos son anecdoticos (otra vez).
Mapuche |
08.21.07 - 5:10 pm | #
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http://www.dhdi.free.fr/
recherch...gustivachon.htm
si se aburre...
Mapuche |
08.21.07 - 5:15 pm | #
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Me permito pastear el punto 2, de su agrado...supongo.
2. LA CULTURA Y LA IDENTIDAD CULTURAL
En el ámbito de las ciencias sociales se considera generalmente a la cultura como una dimensión de la realidad humana entre otras. Se habla entonces de la política, de lo jurídico, de lo social, de la educación, de la religión, de la ciencia, . .. y de la cultura, sin saber demasiado bien lo que ésta representa. Tan pronto se hace referencia al folklore, como al arte, como a las creencias y sistemas de valores, justificados en sí mismos y sin una relación directa con los otros ámbitos de la realidad.
En el mejor de los casos la cultura es sinónimo de identidad cultural, comprendida como el conjunto de recuerdos, símbolos, sueños, creencias, valores, pasiones, comportamientos, sensibilidades,... que constituyen la essencia del ser. Pero aún en este caso, se pretende que ésta identidad cultural de hecho no influye sustancialmente en lo político, económico, social, educativo, jurídico, científico, ..., dimensiones que se estarían guiadas por una pretendida identidad universal. A lo más se acceptará que la identitdad cultural tenga una influencia en el ámbito del folklore, de las artes, de las relaciones humanas, pero no más.
Pero de hecho, no existe acto político, económico, juridico, educativo, científico, tecnológico, artístico, ..., que no sea cultural, es decir, inscrito en una matriz o contexto englobante de una cultura particular y concreta. Por este motivo no es posible hablar de economía, política, religión, justícia, ecología, ciencia, tecnología, de una forma neutra, sino que es más conveniente hablar de cultura económica, cultura política, cultura jurídica, cultura educativa, cultura tecnológica, cultura, cultura artística,...
En ultima instancia la cultura és el conjunto de creencias, instituciones y prácticas por las que un pueblo o sociedad afirma su presencia en el mundo en un momento dado del espacio y del tiempo. Toda cultura reposa en un mito englobante, comprendido como aquello en lo cual se cree sin ser conscientes que se cree en ello, pero que impregna toda la cultura, constituyendo su alma profunda.
En esta orientación de recentramiento cultural de las ciencias sociales, podemos afirmar que toda sociedad ha desarrollado una cultura jurídica particular, de acuerdo con el mito profundo que le es propio y en interacción directa con las otras dimensiones de su realidad particular, que no puede ser comprendida ni juzgada a partir del mito de otra cultura. Es por este motivo que se impone un tratamiento diatópico y dialogal en el estudio del pluralismo jurídico.
Mapuche |
08.21.07 - 5:26 pm | #
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Financial Times, 24 agosto 2007
Spain must exorcise the demons of the Francoist era
By David Gardner
There are pictures that tell you a lot more than the thousand words they are proverbially said to be worth. Such a picture was widely reproduced this summer in Spain: of José Luis Rodríguez Zapatero, the Socialist prime minister, doing his best to shake hands with Mariano Rajoy, leader of the opposition Popular party at the entrance to the government’s Moncloa palace. Mr Rajoy looks as though he cannot quite bring himself to greet the prime minister; he looks at Mr Zapatero’s outstretched hand and clasps the watch on his own left hand - or perhaps he is just counting his fingers. Of course, as the newsreel reveals, they did shake hands.
But the hesitation about performing an act of common civility - think Yitzhak Rabin and Yassir Arafat on the White House lawn - is a lamentably accurate snapshot of the descent into incivility of Spanish public life: marked by factional self-indulgence that makes
impossible any common view of the national interest.
The Zapatero-Rajoy summit was another failed attempt to reach a common stance on confronting Eta, the lumpen rump of Basque separatism that had just announced an end to its ceasefire. This is a question of state that the PP under Mr Rajoy - and his predecessor, José María Aznar, the former prime minister - have frequently manipulated for partisan gain.
But both the rhetoric and the ostensible substance of this polarisation go beyond the low politics of factional advantage, reviving the visceral idiom of “the two Spains” of the 1936-39 civil war.
That is in no way to suggest that anything like an armed conflict is in prospect. Merely that the traumas of that fratricidal conflagration are still bitterly in evidence - unresolved by the over-hyped transition from the Francoist dictatorship and the first democratic elections 30 years ago.
To begin with, this coarsening of politics seemed to be a story merely of bad faith, bad losers and bad blood.
In March 2004, after the horror of the Madrid train bombings that killed 191 people, Spaniards summarily ejected a PP government that expected re-election and a seamless transition from Mr Aznar to Mr Rajoy. The PP has cried foul ever since, in a strident if confused attempt to impugn the legitimacy of the government (and presumably the electorate as well).
The only conspiracy that took place was the atrocity perpetrated by the mainly North African jihadis, radical Islamists influenced by al-Qaeda.
Spain’s citizens did not flinch when confronted with this hyper-terrorism. On the contrary: they responded with an exemplary display of democratic conviction. First, well over 10m people poured into the streets to repudiate the bombers. Then, they turned out in equally impressive numbers to vote.
Mapuche |
08.24.07 - 5:08 pm | #
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Normally, citizens rally around their government in moments of great societal stress. A majority of Spaniards did not because they were outraged at what they saw as manipulation of the tragedy by Mr Aznar and his officials, who insisted Eta was the culprit despite mounting and irrefutable evidence that jihadis did it. Presumably Mr Aznar needed to validate his hardline tactics; at the previous elections the government’s inflammatory rhetoric antagonised a great many Basques but reaped a great many votes elsewhere in Spain.
The matter might have ended there. Spaniards would doubtless have judged this political petulance to be in the same category as the sour grapes of the Socialists when they lost in 1996. At that time, the Socialists deluded themselves they were victims of a rightwing press conspiracy, rather than political bankrupts in an advanced state of moral implosion after 14 years in power.
But as the recent trial of surviving train bombers demonstrated, this is not over. PP officials not only kept insisting Basque terrorists played a part; they even tried to introduce bogus evidence to prove it. There is a very different world-view here.
Under Mr Zapatero, the Socialists have been willing to negotiate the transfer of more powers to regional governments, such as the Catalans, who want the powers of taxation that the Basques already have. Spain’s deep but asymmetric federalism does raise concerns, but these are mostly to do with equity: for example, the fiscal solidarity between rich and poor regions that keeps the nation in the same boat. The PP does raise these questions, but it also plays with fire: raising Francoist and civil war-era spectres of the break-up of Spain.
Mapuche |
08.24.07 - 5:09 pm | #
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When General José Mena Aguado, the Spanish army commander, last year issued a veiled threat of military intervention if Catalans got more powers he was, rightly, fired. But the PP seemed to think he had a point - especially in reaching back to the 1932 debates on Catalan autonomy. This is reactionary, in the strict sense of the word, and it is very dangerous.
It also makes PP hostility to two contentious laws - on “historical memory” and on civics education - extraordinarily revealing.
The first aims to overcome the negotiated amnesia of the post-Franco transition, whereby the crimes of the civil war and its vengeful aftermath would be forgotten (and the evidence, destroyed). That denied decent burial to many thousands of defeated Republicans, whose remains are being excavated all over Spain; about 500 mass graves have been found in Andalusia alone. The PP is outraged - and it has the support of the Church. They much prefer selective memory.
Indeed, Spain’s bishops are looking forward to the beatification by the Vatican this October of 498 “martyrs” killed by anti-clerical Republicans in 1931-39 - adding provocatively to the previous record of 233 Francoist martyrs beatified in 2001.
In the second dispute, Spain’s ultramontane hierarchy objects to civics “colonising the minds of the young”, especially by preaching tolerance of homosexuality. Many bishops hanker back to Franco’s time, when a concordat with the Vatican that would make an ayatollah weep with envy gave the Church state funding and control of schools. It also made Catholicism the sole religion and placed the clergy beyond the law.
The modern society Spain has become deserves better than this nostalgia for national-Catholicism. Although Mr Zapatero has acted to bring the law into line with the tolerance of that society, Spain could also do with restraint from the militant lay wing and the Jacobins inside the Socialist party. Spaniards who have nurtured their democratic emergence with courage and enthusiasm, imagination and civic pride, deserve better of their leaders.
They need a modern right, which sees Spain as a common endeavour - and is not fighting a rearguard action against the Enlightenment.
Mapuche |
08.24.07 - 5:10 pm | #
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No ha podido ser más claro de Blas. Por eso el problema existe cuando esa identidad nacional se utiliza para, verbigracia, desear todo el mal veraniego a la "Catalunya nacionalsocialista", esta vez sí, responsable de su destino, salvo en proclamarlo. Toda construcción suelta desechos.
La "construcción nacional". Eccolo qua!
Berengario |
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08.25.07 - 1:19 pm | #
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