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Tal cual, eso de amancer con ganas de ser otro o vivir circunstancias totalmente diferentes. Me podrán hacer el analisis psicológico de que es una fantasía producto de una situación de blablabla ... (bostezo). Lo que yo creo y quiero creer que viene a ser lo mismo, es que uno puede ser otro, incluso que lo es por momentos, o de pronto, cuando levantás la cabeza para mirar la arquitectura de los edificios que están enfrente a la parada de autobús en donde esperás un destino, te surge otro, como cruzando paralelo o transversal, y podés vislumbrarlo. Caminarlo. Estas sensaciones me parecen unas de las pruebas más claras de salud mental, se debería enseñar en el secundario, en serio. Pero ya se sabe.
Jhonny |
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04.28.06 - 8:03 pm | #
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Maravilloso. Y me dieron ganas de leer ese cuento.
von |
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04.28.06 - 8:25 pm | #
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a mi me vienen ganas cuando paso por el aeropuerto
el-warren |
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04.28.06 - 10:00 pm | #
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El problema es que uno se lleva a sí mismo en la valija. Con el aeropuerto no alcanza.
El cuento aparece googleando en inglés. Y si no me equivoco debe existir una traducción de Borges. Yo recién lo leí en una traducción italiana del poeta Eugenio Montale que está impresionanate.
Me gustó Jh eso del destino que nos pasa por el costado, como un viento. ¿Cómo se hace para darse cuenta si hay que seguirlo o no?
ceryle |
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04.29.06 - 7:08 am | #
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Que pregunta terraja la mía...
ceryle |
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04.30.06 - 5:42 pm | #
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Con razón nadie me contesta. Si ya dicen los que saben que en éstos tiempos lo importante no es la respuesta, lo importante es saber formular la pregunta.
ceryle |
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04.30.06 - 5:44 pm | #
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ah, me encanta el post, sobre todo por eso del hotel, a mi me pasa también, en vez de irme lejos, ganas de vivir y ver la relidad cotidiana desde otro ángulo.
siloam |
04.30.06 - 6:23 pm | #
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quiero consignar que yo te contesté pero la respuesta no pasó por el control de calidad primario.
Justo estoy leyendo a Chopra hablando de la ley del karma y dice que ante cada opción en la vida, es bueno pensar en las consecuencias de evaluar no solo lo que nos sirve a nosotros sino a los que no rodean y en general a todo el universo porque en definitiva somos una fracción de energía que está permanentemente equilibrandose con el resto del universo. O sea, cuando uno está en la duda es de hombre superior tomar en cuenta las consecuencias en nuestras adyacencias. A veces uno se siente un poco superior y a veces nomás un tipo común y corriente que hace las mismas cagadas que cualquiera. Hay decisiones que no son sencillas porque se contrapone el interés de saciar nuestro egoísmo con el interés superior y ético de hacer lo correcto.
En fin. es domingo a mediodia y me tengo que ir a comprar el vino para la pasta y dejar el comment por la mitad. Eso es lo correcto.
Ultimamente me pegan en el ojo tus post.
Saludos
Robërto |
04.30.06 - 6:52 pm | #
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¿Y sabrá este buen hombre, Chopra, lo que dice? Siempre me dieron miedo ese tipo de libros. Porque a mí me convencen de cualquier cosa. Me dura poco, pero durante ese período soy fanática. ¿Seguiste alguno de sus consejos? ¿Funciona?
Justamente lo que hacía el personaje del cuento era no decidir nada, ni él sabía lo que iba a pasar. Así como así se dejó llevar. Eso da todavía más miedo.
ceryle |
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05.01.06 - 6:34 pm | #
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es que a veces no decidir nada es toda una decisión. Elegir implíca ganar algo pero perder de ganar lo que implicaba la otra u otras opciones. También es lógica la alternativa cero y esperar. Que no es el caso del cuento según parece.
Lo otro. Yo no soy bueno siguiendo consejos. En realidad leo cosas que me parecen razonables. Tenía mucho prejuicio con Chopra, reconozco. En principio no me cae bien que alguien saque un libro que se llame "las siete leyes espirituales del exito". Me cae grueso. Pero me gustan los resultados que me producen hacerle caso a un tipo que parece escribirme a mí que me pase todo un día sin juzgar a nadie, o aceptando sin sentir culpa o buscar culpables cualquier situación presente o pasada. O que me pase un buen rato en silencio o que medite lo más que pueda. El contenido es mucho menos ampuloso que el título del libro.
"le hago caso" en la medida que uno busca dentro de sí y "se hace caso" a sí mismo.
Todo esto no tiene nada que ver con tu post pero me enganché con tu pregunta "terraja".
También quiero decir que la vida de cada uno de nosotros parece ser tanto o más interesante que el personaje ficticio en cuestión. Yo solía alejarme de mis amigos y en cierto modo estar al tanto de todos los detalles sobre las reuniones a las que decidía no acudir quedándome en casa sin tener otra cosa mejor que hacer y con una angustia de la gran flauta. Que se yo. Es cuestión de revolver y buscar. Adentro de uno encontrás de todo.
robertö |
05.01.06 - 7:20 pm | #
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“Necesidad de ver su mundo como si fuera un espejo del cual falta el reflejo de sí mismo”
Mirá vos. Algo mucho de “El hombre que nunca estuvo” de los hermanos Cohen. Tanto en una como en otra historia los personajes tienen una “aparente” ausencia que termina por ser una de lo mas feroces tipos de presencias.
Pero estamos en conexión, Ceryle, por que anoche mismo leí “El secreto del profesor Díaz”, del “Bar del infierno” de Dolina y por alguna razón que no logro asir, se me superponen.
Te lo paso (en dos tramos)va el primero:
El profesor Díaz ocupaba una humilde vivienda de madera y chapa en los confines de la calle Bilbao. El óxido, el tiempo –o tal vez el propio profesor díaz- abrieron un agujero en la pared de la cocina que daba justo al lavadero de la casa contigua, también muy pobre. Allí, a falta de ducha, solía bañarse la hermosa Virginia Salvarezza, una joven viuda que vivía sola.
El profesor Díaz la espió por primera vez el 10 de octubre de 1940. Siendo un hombre casto y solitario, el cuerpo jabonoso de Virginia, sumergido en un cuentón, lo perturbó rotundamente. Nunca antes había visto una mujer desnuda.
Al día Siguiente, faltó al colegio donde daba clases. Tenía miedo no poder resistir el deseo de contar lo que había visto. Y sus compañeros de trabajo no tenían con él ninguna clase de amistad que justificara la confidencia. Con el mayor cuidado, realizó mejoras en el agujero y lo cubrió con un almanaque de tintorero para evitar que la luz de su cocina se filtrara en el lavadero de Virginia y denunciara la existencia de aquella grieta.
Le costó bastante al profesor efectuar el segundo avistamiento.
Durante la primera semana, el lavadero se le apareció siempre desierto. Díaz llegó a pensar que la muchacha no se bañaba casi nunca, o que cumplía sus enjuagadas precisamente en las horas de su ausencia. Descuidando sus obligaciones, el profesor estableció un perpetuo turno de guardia, con el ojo pegado en la hendidura. Finalmente, ciertas regularidades se le hicieron patentes y no tardó en organizar su vida alrededor de los baños de virginia. Cambió su horario del colegio y renunció al cine de los sábados por la tarde. Empezó a detestar el invierno cuando advirtió que, en los días de frío, Virginia renunciaba a la higiene general.
En los primeros meses, se hizo el propósito de acercarse a la viuda y emprender unas cautelosas maniobras de seducción. Estaba enamorado. Pero a su natural timidez se agregó un sentimiento de culpa que le impedía sostener la mirada de Virginia. Cuando ella lo saludaba, creía notar en su voz un tono de reproche. Cualquier palabra le parecía una alusión a su bochornosa condición de mirón. A veces, sentía la tentación de confesárselo todo, de pedirle perdón y redimirse en el ejercicio de una amistad casta. Pero tenía miedo de las consecuencias escandalosas, de sus alumnos, de las autoridades del colegio.
yamanducuevas |
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05.01.06 - 9:51 pm | #
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El segundo:
Algunas veces, mientras la espiaba, imaginó el efecto de una palabra, de un susurro a través del hueco en la pared.
-Virginia, Virginia, soy yo… El señor de al lado.
Era inútil. No había forma de continuar hablando sin pasar por el ridículo o la humillación.
Con el tiempo, el asunto perdió dramatismo y fue convirtiéndose en una costumbre que, aunque íntima y secreta, se hacía vulgar de tan repetida.
Pasaron años. El profesor Díaz nunca se casó ni tuvo novias. Su solo amor era Virginia. Durante muchísimo tiempo, escribió y corrigió interminablemente una carta para ella. Un día de 1954 llegó a meterla en un sobre. Después, lo guardó en el ropero.
Ella tampoco tuvo amores. Apenas una efímera aventura pasional con el lechero, en el verano de 1952. Díaz los escuchaba a través de los muros delgados. Pero aquello terminó pronto.
El agujero resistió las incursiones de pintores y albañiles.
El profesor llegó a sospechar que la viuda conocía, toleraba y disfrutaba de aquellas indiscreciones. En ocasiones, le parecía que ella miraba fijamente el agujero. Su corazón se aceleraba y sentía la inminencia de un diélogo, que nunca sucedió.
Los dos fueron envejeciendo solitarios. Con la edad, Virginia vio amenguar la solidez de sus encantos y la frecuencia de sus inmersiones. Pero Díaz se mantuvo constante. Era muy difícil que se perdiera una sesión. En verdad, mas que el goce, lo sostenía la insensata esperanza de que algo extraordinario ocurriera.
Anciano ya, Díaz encontraba estímulo para sus jornadas grises en aquellos ratitos de menesterosa intimidad. Después de tanto tiempo, ya estaba decidido que nadie iba a enterarse jamás de sus amores. Por otra parte, había atravesado la vida entera sin haber hecho un solo amigo. Pasaba semanas sin escuchar su propia voz.
Un día de 1981, el profesor Díaz salió a la calle y se encontró con un camión del Expreso Villalonga. Unas urgentes averiguaciones lo pusieron al corriente de su desventura: Virginia se mudaba. Sin perder un segundo, corrió a la cocina, destapó el agujero y se puso a espiar para ver si su vecina decidía un último lavado. Clausuradas sus esperanzas, fue hasta la puerta. El camión ya se había ido. Ella no se despidió. El viejo profesor se sentó en el umbral durante largas horas.
Un tiempo después, un matrimonio pasó a ocupar la vivienda de Virginia. La señora era bastante atractivs. Pero Díaz no volvió a la grieta de la cocina. Una tarde, sin siquiera echar una última mirada al otro lado, tapó el agujero. Al mes siguiente, se murió.
yamanducuevas |
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05.01.06 - 9:52 pm | #
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Tengo varios días intentando recordar el nombre de una película para escribir este comentario. Pero nada, no la recuerdo. En todo caso, el punto es que, en ella, un personaje se pregunta, después de ciertos desmanes: ¿por qué lo hice? Porque se puede.
Esa idea es vertiginosa. Y también aterradora.
Me gustaría pensar que algo como eso fue lo que le pudo pasar a Wakefield. La misma razón por la que tantos otros demoran esa posibilidad día tras día, hora tras hora. Como quien se sabe dueño de un tesoro que nunca gasta.
Alguien decía, más adelante, que quería leer el cuento. Aquí hay un link a una traducción en español.
rodrigo coll |
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05.01.06 - 11:16 pm | #
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Hola, disculpen que no siga el curso de los comentarios, estoy por escribir acá desde hace días y he tenido problemas técnicos.
Vuelvo al post en cuestión. Qué sensación tentadora... Te entiendo Ceryle. Todos somos malos y cobardes en el fondo, ¡je!
Es raro, a Hawthorne lo relaciono con otro tipo de cosas, este relato no lo conocía.
¿Puedo hacer una interpretación apresurada sin haber leído el cuento todavía?
Wake me hace pensar en wake up, despertarse. Y field es campo. Despertarse a otros campos, entrar en otros espacios... Me parece que algo de eso hay ahí.
Ludmilla 1789 |
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05.02.06 - 3:30 am | #
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Gracias Yama por el cuento. Me simpatiza Dolina. ¿Te acordás en aquél lugar de Bvar. Artigas cuando habíamos instalado un call-center que llamaba a los internos para leer unos cuentos cortos de Dolina? ¿De "El ángel gris" eran?
Así que rodrigo también tu memoria prodigiosa falla, a veces. Menos mal, me tranquiliza estar acompañada. Gracias por el link.
Qué maravilla ese "¿Por qué lo hice? Porque se puede."
Y comparto Ludmi tu interpretación, no había pensado en el nombre...
Abrazos cariñosos para todos.
ceryle |
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05.02.06 - 11:18 am | #
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Rodrigo, ¿la peli no será "El hombre del tren" de Patrice Leconte?
Maldición, ahora me voy a quedar todo el día pensando películas que tengan que ver...
ceryle |
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05.02.06 - 11:20 am | #
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Q bonito post. Algunas veces cuando te leo me pierdo las palabras, pues mi español es todo menos q completo y/o complejo. Pero el sentido me llega directo al corazòn y me habla de una parte de mì q siempre quiso ser otra, una parte de mì sin nombre ni tierra, una parte de mì a la cual le encanta CREAR. Esa parte es la parte magica de cada uno de nosotros, q pena q uno tenga un cuerpo q pesa y q pesando nos impide vivir todas las vidas, todas las ideas, todos los caminos. Por esto, tal vez, uno escribe o hace mùsica.
Kkienn |
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05.02.06 - 12:09 pm | #
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Uy, bueno, llegué tarde a la pregunta, pero bueno, aquí estamos. Eh ... ¿Qué preguntita también no? No tengo la más pálida idea de cómo se hace para seguir el viento del destino, por eso es mejor lanzarse y dale que va. Te podés comer una columna de frente, abrir la puerta para ir a jugar, convertirte en otro/a, o que no pase absolutamente nada. De cualquier manera, el paso dado por lo menos es algo, alguito, mejor que respirar con el viento en la cara, qué es una sensación harto agradable, pero limitada.
Pd: La palabra terraja me hace reir. Hace tiempo que no la escucho/leo.
Jhonny |
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05.02.06 - 7:52 pm | #
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la palabra terraja es especialmente hermosa. Es notable el efecto que surge de decir ...terrajjjjjjja!!
tristemente ahora se esta sustituyendo por la palabra "pedorro" por incidencia de los programas de televisión argentinos. Palabra fea si la hay.
Terraja es una palabra insólitamente dejada de lado por los medios de comunicación. Me gustaría pedirle a Warren que nos dedique un terraja ahora que está en los medios.
robertö |
05.03.06 - 12:36 am | #
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Ay Kkienn, es posible que tu español corra riesgos en este blog, a veces me entrevero con el italiano haciendo neologismos incomprensibles. Pero lo que capaz no entendés (por ej. aquí tendría que decir "entiendes", "tú entiendes") se debe al cambio de la lengua en el Río de la Plata. Una cosa es el "voseo", o sea un uso del "vos" en lugar del "tú" como pronombre personal. La conjugación de los verbos cambia en el Presente (y en el Imperativo), esta cosa rara nace de la influencia del italiano (el "voi" que trajeron los inmigrantes). Decimos: "Vos caminá" (Tù camina), "Vos andá" (Tú ve).
Y después están las palabras uruguayas. TERRAJA. Quiere decir de todo, desde alguien que tiene mal gusto, hasta algo empalagoso por romántico.
Pero lo peor es que yo, desde lejos, sigo hablando con el lenguaje popular de mi época, que ya pasó de moda. Igualmente defiendo la palabra TERRAJA, como dice roberto con diéresis mientas Jh ríe, es un lujo de la lengua.
ceryle |
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05.03.06 - 1:39 pm | #
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Vos ceryle te has mandado otra buenísima que es "pegote", dicho como amontonamiento de gente.
Jhonny |
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05.03.06 - 7:53 pm | #
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No, no es el "El hombre del tren", Ceryle. Al menos no me suena ni siquiera haber visto esa película.
La cosa ya se ha convertido en un punto de honor, pero por más que cierro los ojos, con fuerza, y froto mis sienes, nada que consigo recordarlo. Ya llegará.
rodrigo coll |
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05.04.06 - 4:19 am | #
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Gracias por lo q hiciste, querida ceryle, gracias por haberme regalado tu mirada (hecha de vivencias y de piel y de olores y de pasado y de presente) hacia tu proprio idioma. Gracias por haberme cogido de la mano y por haberme guiado en uno de los mundos q màs amo, el de las palabras...tal vez, desde hoy, serà màs facil no perderse en el voseo. Quizàs cuantas cosas seguirè aprendiendo simplemente leiendote y dejandome invadir de palabras como "terraja", palabras q llegan del otro lado del charco.
Kkienn |
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05.04.06 - 10:54 am | #
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Hace poco ví una película muy asquerosamente hollywoodiana, pero que tenía algo interesante. "The Interpreter", de S. Pollack. La cosa interesante era la colección de palabras que tenía uno de los personajes.
Lo de "terraja" se me escapó de vieja exiliada, lo de "pegote" era apropósito. Pero vos Jh no te hagas el coso que sos el maestro de las palabras chulas (esta, Kkienn, es bien española, pero está también en mi lista).
Rodrigo, mi abuela decía que había que dar vuelta un vaso y concentrarse hasta recordar el olvido.
ceryle |
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05.04.06 - 1:42 pm | #
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Yo también uso palabras pertenecientes a mis años en el Uru. Ejemplos.
- Embole: aburrimiento, chatura excesiva.
- Encarar: cuando algo que me resulta agradable ("esto encara"), para reprochar pasividad ("¡encará!") o hablar acerca de una piba ("la voy a encarar"). Recuerdo un inolvidable tema hecho por un grupo de rock cristiano en la plaza de los 33, por 18 de Julio, un día que se congregó el colectivo "Pare de Sufrir". Abandoné el lugar con evidente ataque de risa, a causa de un estribillo que envidiaría Lou Reed: "¡Ya no puedo más, ya no puedo más encarar!".
Terraja me da risa por una historia muy peculiar. Cada vez que salía en una barra alegre y pintoresca, un primo querido solía decir: "Esta noche nos enfiestamos una terraja, ta?". Si, es un bestia, pero me hacía mucha gracia. Otra expresión: "¡De una!", y si, tengo mi costado plancha como buen hijo de vecino.
A mi hablar con palabras como terraja, embole o atriqui, sin irse al carajo, me parece que hace un comentario más fresco, desafectado, cercano. Claro que no se trata de empezar como en la tribuna, pero encara.
Jhonny |
Homepage |
05.04.06 - 6:56 pm | #
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Mandale mis felicitaciones a tu primo por "Enfiestar". ¿Y "atriqui" que es?
Tengo un amigo que se fue del Uruguay antes que todos, con unos 18 años a realizar su sueño de ser surfer en Hawaii. Venía de vacaciones y seguía hablando con palabras que nosotros ya no usábamos. Le tomábamos el pelo, con cariño, claro, pero ahora me arrepiento.
ceryle |
Homepage |
05.05.06 - 9:02 am | #
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Inevitable cuestionarse la propia identidad cuando uno tiene algo más que dos dedos de frente. Estoy impresionada, Ceryle, tu post me llega justamente cuando estaba pensando en eso. Estos días tengo unas ganas locas de ser otra. Pero locas locas. Y no sé qué me da más susto, si animarme o no animarme y quedar anclada acá.
Gracias Rodrigo por el link. Me voy a leer el cuento que inspiró post y debate. Tal vez ayude. Y qué bueno que esto nos pase a varios y sea, según Jhonny, indicio de salud mental. Porque cada vez que lo siento me parece estar rozando el borde de la esquizofrenia.
Shelley (por ahora) |
05.05.06 - 6:52 pm | #
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Atriqui= atrás,. Hacer algo por atriqui, es hacer algo, como se deduce, turbio. Pero esto es ya lunfardo, más que modismos.
Anonymous |
05.05.06 - 7:48 pm | #
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Shelley por ahora, hablando de salud mental me acordé de un poema de Gelman, de sus épocas de revolución armada, pero que bien puede inspirar revoluciones, aunque sean pacíficas e individuales. Aquí se lo dejo, (sepa disculpar los versos desacomodados en sus líneas), el título es "El juego en que andamos".
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.
ceryle |
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05.06.06 - 6:44 am | #
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No tengo palabras. Como decía Ud. a Ludmilla, cuando se me pase "esta cosa de la piel" volveré a escribirle. Por lo pronto me llevo ese poema como un salmo. Gracias.
Shelley (por ahora) |
05.06.06 - 5:37 pm | #
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