Gravatar Hola Iván,

Muy bien... He seguido leyendo. Me parece que este señor, sin embargo, no ha comprendido que para la mayoría de la gente los horarios no son una opción personal, un ejercicio de voluntad, sino más bien una imposición. Y sí, son larguísimos, mal pensados (es decir, nada planificados, como todo lo de aquí) y está comprobado que no dejan espacio para la vida personal y que van asociados a una baja productividad.

No me parece que sea muy recomendable esta actitud de oposición automática. No siempre todo lo que viene del Estado (así, con mayúsculas, como Dios) tiene que ser necesariamente 'malo'.

Un saludo.

P.S. A veces es 'peor'.


Gravatar Si, Javier Marías es muy claro en esos asuntos.

Un abrazo


Gravatar Quizás lo que molesta sea que se está imponiendo normativa sobre cuestiones que deberían solventarse personalmente (el fumador que molesta) o moralmente (el empresario que explota, la televisión o la radio que difama). La regulación en exceso lleva a una sociedad aséptica que tiene como claros resultados las revueltas últimas de París. No creo que estas medidas, y ahí estoy con Marías, nos hagan precisamente más libres. Abrazos Danae.


Gravatar Javier Marías me parece un hombre educado, honorable, respetuoso y sensato, como de otra época. No tengo más que añadir.


Gravatar Claro, Iván, si tienes razón. Y Marías también. A ver si me explico. Estoy de acuerdo en que es realmente vergonzoso el papel que desempeña el estado hoy en día. Pero es que lamentablemente, somos todavía demasiado primitivos como para asumir la responsabilidad de autoregularnos.

Además me parece muy preocupante esa actitud cada vez más generalizada de ver al estado como una especie de parásito que no tiene nada que ver con nosotros. Ese estado no es más que el reflejo de la ciudadanía a la que representa, así que quizás a quien debería criticar Marías es a la sociedad española.

Lo siento, no quiero aburrir con estas cuestiones aquí, pero es que es me preocupa. Con esa visión tan poco autocrítica de la película -a un lado los buenos (nosotros) y al otro los malos (ellos, el estado)- no saldremos nunca de la autocomplacencia que ha dejado a España donde está, esto es, en el hoyo.


Gravatar Es cierto Danae, habrá que comprometerse más y empezar por nosotros. Es preocupante, sin duda... Abrazos. Un placer leerte.


Gravatar Nihil obstat a las formas de Marías, como siempre (leo sus artículos todas las semanas y sus novelas son para mí de cabecera), aunque no comparto con él la confianza que ha de tenerse en el género humano para suponer que cada individuo puede autoregularse sin dañar a los demás. Si no hay educación (y en este país es evidente que no la hay, salvo en contados individuos a los que creo pertenecer, aunque suene pretencioso, y a los que sin ninguna duda pertenece Marías)es necesaria la regulación. Otra cosa es, como comentábamos el otro día, que las leyes no se promulguen de forma honrada. Caray, Iván, estas cosas no se despachan con unas pocas líneas... Un abrazo.


Gravatar P.D. En este asunto, suscribo lo que dice Danae.


Gravatar Leí el artículo; tiene mucha razón. Vamos mal... Slds.


Gravatar Vaya, no esperaba que alguien estuviera de acuerdo conmigo...(risas)

Un saludo.


Gravatar Cierto, no hay educación. Me extenderé. Pero poco va a conseguir que se regule cada paso que el individuo dé, cada palabra, cada bocanada de humo. Si se les marca el camino se perderá la facultad de elección, incluso de confrontación, algo necesario. Seremos los hijos del Dr. Frankenstein Legis. Además son unas marcas que rozan (o destrozan) tanto la libertad de expresión, o de comportamiento, que queman. Y Marías no ha hablado del rehabilitado decreto contra vagos y maleantes del Ayuntamiento de Barcelona... Otra demodé. Se nos quiere dirigir a una sociedad, como dije, aséptica, donde el individuo (qué nombre tan falaz para los tiempos que corren) no se manche en su elección ni moleste las líneas invisibles de elección consumista y no rebelde, of course, del otro. Si no confiamos en el género humano, partamos de aquí, menos se debe creer en los poderes públicos, creados a partir de lo humano en género. Ni en sus normas, falsas, pues si partimos de que el hombre en sí ya lo es, estas también deben serlo. No me da la sensación de que se esté hablando de una autoregulación natural y primitiva en rigor, el problema de la educación ya sabemos cómo se arreglaría: siendo objetivos en la enseñanza, haciendo unos planes que enseñen, acabando con las confrontaciones políticas, tan atractivas para muchos. Atacando desde la base. Desde el principio. Todo lo demás es desorden acumulado. Aunque parezca lo contrario, cada vez tenemos más normas que cumplir y sabemos menos. Por ahí no... Abrazos amigos.


Gravatar Es extraño que tengamos una opinión tan parecida y lleguemos a conclusiones tan diferentes. Tengo la misma que (creo) tú tienes, sólo que creo que por el camino estas cosas son necesarias.

Y sólo un apunte más: la existencia de una ley es la evidencia de un problema. Mientras evolucionamos para solucionarlo de la forma que sería natural, ¿qué hacemos con los que sufren a causa de él?


Gravatar Danae, estoy con lo que dices. Sólo quiero añadir que comparto tu opinión, y una cosa más: si realmente existiera la intención de solucionarlo de la forma que sería natural podrían aceptarse, el problema es que yo no veo que eso quiera solucionarse... Sigamos tomando Manhattan, abrazos.


Gravatar ¿Veis? Estamos llegando a lo elemental, la existencia de normas es algo consustancial al orden natural, existía no sólo en los grupos humanos primitivos, sino que existe a todos los niveles entre los animales (y no sólo los gregarios, como nosotros). El pensamiento anarquista puro es un noble ideal inalcanzable para el ser humano actual y se basa en el principio de que mi libertad termina donde comienza la de los demás. Dejando al margen consideraciones ideológicas (siempre desvirtuadas por nuestra propia imperfección) es necesario que la autoridad (actualmente el Estado) regule los comportamientos que pueden resultar nocivos, al margen de que quienes promulgan las leyes sean individuos que forman parte de una sociedad compuesta en su mayor parte por menores de edad (y no en el sentido cronológico). Puedo poner un ejemplo: entre los años 2002-2003 estuve viviendo en Suecia, país donde es impensable fumar dentro de las casa (aunque esté, lógicamente, permitido) y en lugares públicos. No recuerdo haber visto carteles de prohibido fumar en base al decreto tal en ninguna parte, pero todo el mundo cumplía la norma sin plantearse que se les estuviera tutelando ni muchísimo menos tratando como menores, simplemente es una norma lógica y racional. Ni que decir tiene a estas alturas que yo soy fumador, y mucha gente en Suecia lo es, y todos salíamos a castigar nuestros pulmones a la calle, a veces con 20 grados bajo cero y la verdad es que jamás oí queja alguna de ningún fumador (y os aseguro que en este país los niveles de educación e implicación en política son muy superiores a los nuestros). Y es que el otro día leí que no sé que político español decía que en España deben tenerse en cuenta las peculiaridades del país a la hora de dictar leyes, y yo me pregunto: ¿por qué las peculiaridades del español consisten siempre en hacer lo que me da la gana, ser un patán gritón y maleducado y no cumplir las normas? Esas peculiaridades tan cacareadas con orgullo no son más que el trasfondo de un país que nunca ha comprendido la democracia ni el respeto hacia los demás y que encima alardea de ello.
Yo, por mi parte, me reafirmo en lo que dije en mi primer post: muy pocas personas tenemos el derecho a ser tratadas como individuos, los que somos capaces de tratar estos temas con cordialidad y sin exabruptos por ejemplo, y aunque mi confianza en el género humano y sus representantes siga siendo mínima, me gusta hacerme la ilusión de que sigue habiendo personas con capacidad de razonar. Feliz sábado, amigos.


Gravatar Sí, Iván, esa es tal vez la única revolución que nos queda.

P.S: Perdón: la frase era "tengo la misma fe que tú tienes".


Gravatar Perdona, Jon Mikel. ¡No había leído tu mensaje! (Creo que los escribimos a la vez). Me parece que el ejemplo que has puesto de Suecia es perfecto. Muy interesante.

En fin, vivimos en un país de risa, ¿no os parece?

Un abrazo.


Gravatar Puse algo sobre Aleister Crowley y el Libro de la Ley; por estos lares, empero, acabarán superándole. Slds.


Gravatar Efectivamente, hacen falta normas y, por tanto consecuencias (que funcionen desde el estado a la conciencia individual, comunmente compartidas por la familia, la escuela y cualquier lugar donde la comunidad se exprese y relacione), para las conductas aceptadas y las indeseables; sin eso nadie puede vivir. La Permisividad excesiva lleva a problemas muy graves y es una teoría que algún perdulario se inventó para que los demás le facilitaran su incumplimiento, posiblemente apoltronado en alguna sinecura del poder...El vacío ético y parte de sus consecuencias, algunas reflexiones siquiera, donde te he indicado... Otro sdaludo. E.


Gravatar Desde luego estoy en contra de cualquier imposición (que como la que estamos comentando es sumamente descerebrada, incluso apelando a criterios de salud: pero no me extiendo en esto), máxime si dimana de la hipocresia y del mal hacer demagógico. Tercer saludo y cierro. S.




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