Gravatar GRACIAS IHB. son la 17:00 h.
Voy en busca de lecturas completas de Jean. Se llama

Milan sin pausas ni prisas.

Estaba “Susa” con la edad en la que se quiere ser y estar sin ser ni poder, los décimo pocos años recién salida del útero materno, la época en la que se sueña ante un espejo imaginándose una como aquella que es el modelo soñado y se desea querer ser así cuando se sea persona adulta. En ese trance de no saber ser, la vida sorprendió a la futura mujer vertida ante un manantial de vivos activos que la agarraron por su aspecto de mayor pensando que ella era lo que parecía. Habiéndose percatado del error la jovencita, disimulo con arte de farándula usando la picardía aprendida. Sabía mantener conversación con truco. Era de las que a los finales -o lo que le parecía de lo escuchado conversado- le sacaba el bucle, lo doraba y lo convertía en divertido. Quien la escuchaba se encandilaba por su humor levantando el oído sin buscar fondo a lo dicho y atraído por los agradables aromas que la púber emanaba, de flores suaves, de frutas frescas, de especias, de todo menos de pachulí que aunque era el perfume más usado en los ambientes de jóvenes prácticamente a todos los gregarios en su foro interno lo detestaban. Se dejó arrastrar por las aguas removidas de los que participan en la historia de su pueblo y Susa terminó desnuda.
En un ambiente de copas donde adolescentes, jóvenes y alguna que otra persona perdida de más edad se reunían, mientras ella saboreaba con lentitud un refresco con aspecto de copa con alcohol, pues entre amigas lo había decidido: su cuerpo de niña no toleraba ni gota de néctares alcohólicos de adultos; le salían ojeras, perdía su apariencia y se mostraba tontina. En ese local apareció el grupito de personas de bien, que en ese lugar, en ese momento y ante ese ambiente, ser persona de bien suponía tener opinión y razón ante problemas concretos del mundo de la política, el trabajo, el medio ambiente, etc. Más que una aparición supuso lo que en las tardes noches de cualquier local se espera: que llegue lo fantástico que sorprenda a las propias viditas que alternan buscando la reunión, o que ocurra el suceso tentón de ser conversable. Y así fue: Irrumpieron dando la alarma. Solicitaron colaboración. Un compañero había sido tomado preso sin causa alguna que lo justificara. El grupo de amigos con el que estaba en el momento de su detención se había enfrascado en vocerío ante las fuerzas del orden y los antidisturbios estaban actuando dando palos a diestro y siniestro.
Se movilizó el pleno del local incluido la pequeña Susa y sus amigas, que justo en ese momento habían logrado acercarse lo necesario para que el adonis monotemático que ocupaba sus largos ratos de estar juntas pudiera brindarles una mirada y darse cuenta de lo muy mujeres que eran y además atractivas. Ya no hubo posibilidad de que eso ocurriera. Las vistas estaban atrapadas en el grupo que alertaba de las injusticias venidas de las calles herederas del momento p


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Se movilizó el pleno del local incluido la pequeña Susa y sus amigas, que justo en ese momento habían logrado acercarse lo necesario para que el adonis monotemático que ocupaba sus largos ratos de estar juntas pudiera brindarles una mirada y darse cuenta de lo muy mujeres que eran y además atractivas. Ya no hubo posibilidad de que eso ocurriera. Las vistas estaban atrapadas en el grupo que alertaba de las injusticias venidas de las calles herederas del momento político de transición, en el que si había algún malo, ese era la policía que no estaba acostumbrada a que hubiera revueltas, protestas y movilización ciudadana en esa ciudad que en un antes, en la dictadura, había sido calma chica obligada por la represión vivida y constante de esos años. Mano dura y a callar que no hay motivos de protestas. Eso sí lo entendía Susa bien pues eran los modos habituales de vida en cualquier familia española. Callar por miedo y callarte para que no te castigaran ni te pegaran. Fácil lo tenía la niña para mostrar la rabia ante el hecho callejero, máxime cuando se sentía sumada a su grupo indignado por la misma causa.
Susa madre recordó su vivido descrito en los párrafos anteriores con la misma edad que a Susa chica en un veinte y veintiuno fundidos. Mientras acariciaba a la menor, con la mirada buscaba su ropa esparcida por el descampado, entre latas oxidadas, restos fétidos, basuras clasificadas, materiales informáticos, poca ropa, ningún mueble, nada de cartones ni papeles y bolsas de pilas gastadas. ¡Cómo se rebusca en este tiempo!- pensó.
Miró su reloj que marcaba las tantas de no se sabe qué día. Ambas mujeres vagaban perdidas en el tiempo y madre Susa decidió desnudarse ante su hija. A destiempo de los mundos que espiraban y se revolvían en el apartado de su ya moderna ciudad, vieron una sombra. Señal, hija, de que el sol se asoma.- le dijo. Madre.- en sus primeros delirios vocalizaba la púber. ¿Me volví loca? - . Madre, ¿Me desvirgué?-. Madre, ¿qué pasó?-.
El cuerpo oculto de la niña presentaba múltiples magulladuras que supurando le curaban mientras que a la madre le hacían recordar y ya y entonces le dijo: Siempre puedes retirarte de buscar el arte en el vivir. Arriesgaste, hija. ¿Te gustó?, te pregunto. A lo que le contestó: - No. Madre, no. Date tiempo le dijo y siguieron caminando.
La ciudad era otra. Sombreada por existir sol, los cementos desdibujaban sus formas, entre ellos se avergonzaban de su desnudez. No la reconozco- dijeron al unísono y rieron. Subieron al campanario escalando porque querían abrazar la torre, estar cerca del gallo, truncar la veleta, variar los vientos, revolver las tejillas y ponerse lo vivido por montera. Desde allí se dejaron caer. Milan y arte están de su lado.




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