Gravatar jajaja què ocurrente eres! de los dos lados del espejo puedes crear a la mujer perfecta, jaja...

Ayy tù, por què no se entendaràn a la mujeres?!

Bien por tu relato, lo disfrutè.

Abrazos.


Gravatar Gracias, Graciela. Me alegro de que te gustase. Y a mí, las mujeres ya me gustais como sois, no necesito la mujer perfecta.
Un beso.


Gravatar Confiese. Usted, señor Malambruno, lo que quiere es llevárselas al otro lado del espejo aprovechando la poca luz del azogue. Y donde se dice: al otro lado del espejo, léase huerto. Recuerde que ya lo intento Carroll con Alicia.
Un abrazo cómplice.


Gravatar Malambruno estoy preocupado. La admiradora que tú conoces me dice que le encantas


Gravatar DR, me encantaría confesar lo que me pides (por presumir), pero la verdad es que soy un mujeriego platónico.

Alexandrós , esa admiradora es la simpatía y la amabilidad personificadas, transmítele mi agradecimiento.
Por cierto, San Alexandrós, el hacker, que sacas de la desolación a los torpes (capaces de borrar todos los comentarios de su blog), para ti también mi más profundo agradecimiento.

Un abrazo a los tres.




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