Cuando empezó nuestro noviazgo, lo que más me gustaba era el momento de llegar a casa de Ana, con mi ruidoso carro, y tocar el claxon hasta que saliera. Seguidamente salía su padre, que se quedaba en la puerta con mirada desafiante...Disfrutaba recorriendo, en el asiento trasero de mi coche, cada una de las esquinas y callejuelas del cuerpo de Ana. También, sabiendo que su padre no se acostaría hasta ver que ella llegaba.

Después murió su padre. Nos casamos. Y llegaron esos amigos suyos...

Tuve que reemplazar al placer de, cada noche, secuestrar a la hijita de aquel viejo amenazante, por arrebatársela a aquellos necios que la trataban como a "uno" más...

El tiempo pasa, pero hay cosas que no cambian. Soy un capullo. Lo sé cuando me miro a mi espejo.


Gravatar A pesar de las recién emitidas opiniones consensuadas de sus tres amigos (y de otros no tantos), Ana creía sentir que su cuerpo estaba presentándose mas permeable al paso del tiempo. El tiempo, creía sentir que Ana estaba comenzando a fijarse en él, que su insistencia cobraba frutos y que por consiguiente sus tres amigos (y los otros no tantos), se sabrían efimeros, leves y nada podrían pronunciar para evitar o debilitar la sentencia inevitable del abrazo eterno.

Salud


Gravatar ¡Bueno! ¡Allá va!

Amigos de un deseo

Una jarra de cerveza entre sus manos. Dorado néctar coronado de espuma blanca que menguaba por momentos. Se dejó caer en la barra, inclinó la cabeza y cerró los ojos. La mente vacía como su futuro.
“A mis cuarenta, ya se acabó. No la podré tener, aunque lo intente como ahora y ella me dé vida y me anime a continuar. Es joven... demasiado para mí”. Y arrancó la visión de un cuerpo desnudo, soñado tantas y tantas veces, y se avergonzó de quererla sin que ella lo imaginara, y lloró sin lágrimas su nefasta impotencia y volvió a repetirse el consabido estribillo “Con veinte años menos...”

“Seguro que son de silicona”. Gotas de whisky nerviosas resbalaron por entre sus labios abiertos. “Provoca y lo sabe”. Pausa en su gesto de desprecio para refregarse la boca con el puño y quitarse las molesta gota que ya le corría por la barbilla “ Se lo escupiré a la cara... Zorrona...” y bajó la mirada a la gastada mesa de oscuro roble. Con el vaso vacío la golpeó para atraer la atención del camarero y sin mediar palabra, alzó el vaso y lo señaló repetidas veces con el índice. El camarero asintió y fue a prepararle otro. “Qué manera de enseñar el culo sentada en la barra”. “¡Vamos, y cómo lo tiene la nena!”. El camarero se interpuso en sus pensamientos para dejarle la bebida en la mesa.

Secándose las manos en el mandil tras la barra, se giró para colocar en orden los vasos pequeños y los otros más grandes sobre la máquina del café con cuidado de no quemarse. El molinillo contenía suficiente mezcla. “Hoy le hablaré, no como éstos que no se atreven a despegar la boca”. Y se llevó a los labios un bote de gaseosa, fresco para calmar el ansia. Lo dejó bajo la barra, junto al fregador, fuera de la vista de los clientes. No quería que le volviera a llamar la atención su jefe. “Le diré de que se venga al cine y luego le diré de si se viene a cenar a lo del Paquillo”. Caminó hacia la otra punta de la barra rápido para preparar el whisky del mamón de la mesa. “Siempre se sienta de cara a la entrada. ¡Qué cabrón!. Sabe que la luz de la puerta le transparenta los muslos y el tío disfruta como un cochino”. Lo sirvió y regresó a su puesto. “Le diré si se queda conmigo en la casa del Roque, para oir música suave y eso”.

Ana entró a las once, como solía hacer todas las mañanas. Vestía camiseta violeta ceñida a la estrecha cintura y una falda voladiza de gasa blanca, que flotaba al caminar. Los zapatos sin tacón (violetas) y el bolso de mano (violeta) redondeaban la estampa de unas piernas largas como la mirada de Antonio, unas caderas amplias como el gran sorbo que dió Martín y unos enormes ojos castaños como la sonrisa de Segundo al preguntarle “¡Qué! ¿Lo de siempre?” “Si, Segundo, ponme el café rápido que hoy tengo prisa”. Miró de soslayo a los tres hombres del bar mientras hacía como que ojeaba el periódico. A Antonio le guiñó un ojo (casi se le cae al suelo la cerveza). Y luego fue hacia la entrada a sacar tabaco e


Gravatar Quién empuja al tiempo? Quién ha convertido en un suspiro sin fin, en un gemido de angustia estos años que prometían ser los más felices?

Ana vuelve a mirarse en el espejo y observa las huellas del paso del tiempo en su piel, en su rostro, en sus manos. Las huellas y el tiempo que ha pasado atada a un sueño de felicidad esquivo, atada a una pesadilla de posesión y celos. Los de él, que no soporta que la miren, que no soporta que le hablen, que no soporta que se arregle ni que sea amiga de sus amigos. Ellos son sus amigos, no los amigos de Ana; Ana es suya, no de sus amigos.

La niña, el mismo pelo de Ana, el mismo rostro de Ana, la misma voz de Ana. El mismo carácter que él. Vino como una promesa, como el primer rayo de sol después de la tormenta, pero en algún momento algo se torció. La niña no era de Ana, era de él.

Ana mira a Ana en el espejo y le pregunta: qué es lo que tengo? La muda respuesta de Ana es elocuente.

Calle abajo, inclinada por el peso de la maleta, Ana ya no piensa en el tiempo que pasó.


Gravatar ana .stop. aquí hay un@s amig@s que te reclaman. stop. dos chicos y una chica.
stop. dicen que te dejaste el cuerpo en casa. stop. que lo que anda de vacaciones es tu cabeza.stop. vuelve .stop. por favor. stop. l@s médic@s dicen que podrán ayudarte. stop.

alasybalas. stop. la playa es fantástica. stop. el sol luce espléndido. stop. no vuelvo ni atá. stop. dales mi dirección a l@s chic@s. stop. que se vengan. stop. veniros tod@s. stop. pd.traedme mi cuerpo que me tiene que bajar la regla. stop.
besos soles.
(besos sol, que idea más linda)


Gravatar Gracias por deleitarnos a los profanos de alasybalas con unos cuentos tan enternecedores, me habéis alegrado la tarde y parte del fin de semana.




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