Te veo en unas horas, perrilla.


Luego nos vemos en ese esperadísimo estreno. Me da que este corto va a dar mucho que hablar y no es por colegueo. Mañana me gustaría ver opiniones de la gente que lo haya visto. Así que, ánimo.


A la espera de un post sobre “Mc Guffin”, yo voy dando mi opinión, no puedo esperar. Quiero aprovechar la sensación de entusiasmo que me produjo la película, y que todavía me dura, para escribir sobre ella. Por aquello de empezar por el principio, voy a empezar por el título, que me parece brillante. Creo que un buen título es aquel que expresa lo que vas a ver sin desvelar nada de la historia. Por ejemplo, “La semilla del diablo” es un título pésimo porque se carga la ambigüedad que tanto se esfuerza en mantener Polansky hasta el final de la película. “Rosemary’s baby”, el título original, es magnífico porque contribuye a mantener esa ambigüedad. Bueno, al grano que se me va la olla. Digo todo esto porque “Mc Guffin”, un título muy cinéfilo, expresa a la perfección la película que vamos a ver: la obra de unos cinéfilos empedernidos (Míkel Alvariño como guionista y Juanma Pachón como coautor de la historia y director) rindiendo tributo a sus ídolos sin complejos. ¿Y quienes son esos ídolos? Pues hay referencias más o menos directas a Hitchcock (no solo en el título, sino también en la forma de filmar las persecuciones) a Billy Wilder (la pareja de sicarios podría haber sido interpretada perfectamente por Walter Mathau y Jack Lemmon y toda la subtrama relativa a los mafiosos recuerda en su tono a “Con faldas y a lo loco”, otro título que se debió de inventar el mismo de “La semilla del diablo”. También se adivinan referencias a “El Padrino” y a “Pulp Fiction” ), pero sobre todo yo vi dos referencias fundamentales que impregnan todo el relato: Steven Spielberg, la película transmite la misma pasión por la ventura que películas como “Tiburón” o, sobre todo, la saga de “Indiana Jones” y la forma de filmar al protagonista, un ajustado y muy bien dirigido Fabián Mazzei, recuerda a la forma en la que Spielberg filma a Harrison Ford en la citada saga y también a la forma en que Rober Zemeckis seguía las andanzas del inefable Marty McFly (¡si hasta calza unas Converse All-Star!). Lo bueno es que no se limita a ser una simple sucesión yuxtapuesta de homenajes, parodias y guiños a la manera de “Hot shots” y similares, sino que todo ello queda integrado en la historia de una forma fluida y divertida. De hecho, todas esas referencias grabadas a fuego en la mente de cualquier cinéfilo que se precie, contribuyen a enriquecer la historia dotándola de un halo mítico. Y es que de eso estamos hablando, de una mitología puramente cinematográfica. ¿Qué hay de malo en que el cine haga uso de su propia mitología? ¿Por qué siempre se valora más cuando el cine toma como referencia la literatura, el teatro o la mitología clásica? Por eso antes decía que se trata de un tributo sin complejos, quería decir sin complejos culturales. El cine es la mitología moderna y “Mc Guffin” se encarga de dejarlo bien claro. En ese sentido es digna de mención una escena en la que el protagonista le quita la bicicleta a un niño para llegar a pasar en el último segundo por debajo de una p


puerta...

Quería decir el amigo Deckard, al que saludé ayer en el estreno del corto.

Hablaré del corto. En cuanto Juanma me mande un par de fotos para la critiquilla.




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